lunes, 16 de febrero de 2009

Cartas a tu corazón

Carta segunda:

Enero de 1941

¿Qué maestro podría enseñarte lo que siento? ¿Qué poeta o qué escritor lo escribiría? ¿Qué sentido tiene todo esto si no es volver a verte? ¿Qué hombre o qué Dios no te buscaría con la mirada en el ocaso? ¿Cuál de las rosas o de los lirios se marchitaría si estuviera en tus manos? Buenos y malos, malos y buenos ¿Cuál es la verdad y cuál la mentira? ¿Es la fuerza el remedio? Pero, ¿Acaso el amor, como las aguas, crecería si no hubiera una fuerza invisible que lo empujara? ¡Qué argumento! Tal es la fuerza de nuestro amor.

sábado, 14 de febrero de 2009

Cartas a tu corazón

Carta primera:

Junio de 1940

Si pudiera llegar hasta ti y fundirme entre tus besos, sería fácil tocar el Sol sin ni siquiera quemarme. Y es que rozarte supone quemar todos los temores de mi corazón, pues en él no hay sitio para las preocupaciones, tú ya ocupas hasta el último tejido que lo forma. Cuando veo tu rostro ya no se si estoy dormido y sueño o son reales esos ojos que me traspasan el alma, porque es cierto que te necesito cuando sólo entre palabras me recreo y me pregunto quiénes somos en este juego de amor que tanto desvela a mis sentidos. No es verdad que la distancia sea rival en la partida, pues me vasta tu promesa; y si caminar a tu encuentro es mi destino yo le daría a los kilómetros mil gracias; que más ayuda lo justo que lo fácil y más gana el agradecido que el agraciado. Y si el sentido de la aurora es crecer y declinar en el horizonte al mismo tiempo, así como la vida, yo quebraré su significado hasta suprimir toda frontera, pues el fuego que alimentas no se apagará con el tiempo, devastador para el hombre, ni con la lluvia del cielo, ni el viento del mundo. ¡Qué eternidad recorre lo infinito! Porque eterna es la infinidad de nuestro amor, como una cuerda que uniera cada extremo del espacio. Dichosa belleza, ¡Qué hermosa! La naturaleza es perfecta si eres natural, perfecta es la nota que de tu boca sale, perfecta es la imagen, real o imaginaria, que tus ojos miren, perfecta es la imperfección cuando eres imperfecta ¡Qué mundo imperfecto! Y qué bonito y qué complejo el mundo.

sábado, 7 de febrero de 2009

Discurso a la ciudad

-Señores, señoras, me dirijo a vosotros con la misma determinación que lo hago conmigo mismo. ¿Os dicen algo aquellas siluetas rojizas bajo los árboles alimentadas por el sol? Su despertar ya ha perdido significado en nuestra mirada. ¡Al norte, al norte! El horizonte espera silencioso, magnífico y espléndido. Pero, ¿Cómo avanzar si hemos perdido el rumbo natural de nuestros pasos? Vosotros, ciudadanos; allí amantes, allí trabajadores, allí músicos o quizás poetas y escritores, tenéis en vuestros besos fugitivos la ternura, tenéis en vuestras manos el esfuerzo, en vuestros acordes la armonía y en vuestros versos la palabra.

Cae armoniosa en mi regazo la pregunta
Que pía bajo los árboles del viejo bosque.
Demasiado silencio a los lados del camino,
Temblorosas dudas ante el duro roble.
Dicen más del horizonte mis palabras,
Que el propio cielo de sus blancas nubes.
Dejemos florecer en su esplendor a la belleza
Bajo el manto de mil estrellas plateadas,
Sin dejar atrás el sentido de vuestra presencia;
Pues estáis rodeados de mundo de Norte a Sur,
Pero, ¡Alto! Parad e inundaos con vuestras respuestas,
El horizonte ya está iluminado, ¿Lo está el vuestro?
Al fin y al cabo el sol, como las cosas, sale a nuestro encuentro
Por el Este, y busca su humilde fondo en el Oeste.

-Porque, además, ciudadanos del mundo, no os pertenece el dulce canto de la Tierra ni la más profunda hondura de su cuerpo. Acunemos, pues, en nuestros brazos su belleza, que no se resigne la razón en las paredes del pensamiento. ¡A lo lejos! Mirad cómo colindan la virtud y el arte, naturalezas propias que culminan más allá del entendimiento. Veo en vuestros ojos tanto vicio como en los míos; siento en vuestro parpadeo la indiferencia y se escuchan tardíos los latidos. Apartad esa parte que, siendo también de sustancia natural, se identifica con nosotros y nos hace imperfectos. ¡Pero cuánta perfección en esas lágrimas que se precipitan por la inercia en las llanuras! El leve susurro del viento hace temblar las hojas como cualquier caricia de un amigo y una luz sincera ilumina el cielo como vuestras miradas el caminar de un niño. Mundo, ¿Nuestro? No, nosotros suyo.

-¡Qué más deciros, ciudadanos, amigos! Para nada intento persuadiros, sino más bien al contrario, medid mis palabras, juzgad mi voluntad sin olvidaros de juzgar la vuestra antes y, si el corazón aún fuera contrario a lo que digo, levantad la cabeza y mirad con el alma aquella bóveda cromática que describe el arco iris.

domingo, 1 de febrero de 2009

El niño y su vejez

XIII

En orillas templadas descansa el tiempo
Que arrastran las olas en su seno celeste,
Meciendo la vejez entre el golpeo
De la espuma en las rocas de la playa.
El niño, ya corriendo por la arena
Tras juegos de la niñez temprana,
Ya salpicando en el agua con el rostro dichoso,
Mira el horizonte, que se extiende inmenso
A las miradas de los hombres,
Y le sugiere un nuevo patio de recreo,
Donde dejar a la deriva sus sueños inocentes.
Aún posee su mirada el vivo brillo del nacimiento,
Como un nuevo surgir de las estrellas,
Sin que la virtud natural de la edad le enturbie el ánimo.
¿Cuándo podrá caminar despreocupado sino ahora?
Cerca de él, una anciana de ojos pálidos
Lo observa en silencio pensativa.
Al otro lado, quizás en otras orillas,
Esperan caminos que ni la vista ha recorrido
Y otro niño, erguido ya, se burla de las olas
Que chocan a sus pies sin conseguir tumbarlo.

Más yo alzo el canto sincero del corazón.
El órgano, que palpita –como el tiempo– en el interior
De los cuerpos y nos brinda amores y pesares
Propios del hombre, me resulta hermoso.
Su latir anega en toda alma el deseo
De algo íntimo que continúa sin fin.
Escuchad los cuentos que arrastra la memoria:
Nosotros también hemos sido infantes
En edades borrosas de otros tiempos.
Pero no tan perdidas si aún el entendimiento
Arremete con firmeza en las murallas;
No tan lejanas si sus significados
Pasean como antaño en nuestros días.
¡Oh, enfermedades ladronas del recuerdo!
Os temería más ahora que siendo un pobre viejo,
Pues éste, ya olvidado de vuestros daños,
Se entrega con tranquilidad a sus oficios.

El compás se balancea en las miradas
Con un débil brillo visionario,
Igual que los astros a lo lejos
Giran enormes en torno del espacio.
¿Cómo puede el pensamiento, toda idea,
Extenderse más allá del conocimiento?
¿Acaso el infinito envejece, desgastándolo los años,
O carece de eternidades impensables
Y tiene su fin y su principio en algún lugar o muere?
Hay algo en estas naturalezas que me es familiar.
No puedo pensar sin preguntarme
Cómo es que pienso siquiera o si el pensar es la llave
De la existencia más humana.
¡Ay, niño! ¿Dónde están tus dudas?
El oleaje las empuja a inteligencias más sabias.
La incertidumbre se pasea por el mundo
Como las nubes viajan tendidas en el cielo.
Una voz susurra en secreto palabrerías
De sincera esencia, de raíz profunda.
La quietud interrumpe el eco de las olas
Que se lanzan en tropel a la aventura:
Siento amor a esa vejez venidera,
Las flores aún se abren con una ternura mágica
Y el blanquear de los años me sigue siendo amable.
El niño se burla todavía de las olas…


Siento que algo en mi interior se queda atrás y siento que está unido de tal forma a mi corazón y que ha significado tanto para mí, que jamás podría olvidarlo.

domingo, 25 de enero de 2009

La patria de mi corazón

Éste es un fragmento de una pequeña historia sobre una chica en medio de la guerra en Palestina. El texto original lo escribí en valenciano, ésta es la tradución.

[...]¿Para qué continuar huyendo? El ejército ya está aquí. ¿Dónde están ahora el respeto y la humildad? Si existe un Dios, puedo decirle que crearnos imperfectos sólo significa una cosa: ser imperfectos hasta el extremo y sólo puede haber este final. Odio la patria del hombre, odio sus normas corruptas, sus límites que dividen el corazón de la gente, ladrones todos ellos, ladrones de la vida. Creo que los tiros nunca fueron la solución. He olvidado las flores, ya no siento el silbido de los pájaros, ya no escucho el silencio. Si miráis a vuestra derecha, veréis casas, tiendas, coches, quizás el mar, árboles, el sol. Si miráis a la izquierda, veréis casas, tiendas, coches, quizás el cielo, árboles, estrellas. No miréis enfrente porque veréis miles de soldados armados hasta los dientes con uniforme, tanques haciéndose paso sin obstáculos, gritos de guerra, una bandera sin significado y un puño dirigido al cielo victorioso, como si se tratara de haber conquistado los picos del Everest. Ya están aquí. Recuerdo levemente cuando mi padre me llevó al río y puse cara de decepción porque creía que íbamos a comprar juguetes. ¡Qué simple e inocente! Ahora daría cualquier cosa por verlo y bañarme en las aguas frescas, sentir la corriente en los pies y el viento suave en el rostro. Mi sueño sería pasear por las “calles” del bosque y bailar en sus claros bajo la lluvia, rodeada de gente feliz que hablara y se riera de algún chiste. Y ver a mis padres alrededor llamando a mis hermanos para que no se pelearan. Ya están aquí, sí, creo que ya están aquí. La palabra es poderosa, aunque no se pueda utilizar cuando los demás desconocen este poder. La ignorancia es de naturaleza humana, la guerra no lo pone en duda. ¿Cómo puede ser que quieran poseer la tierra? Ni siquiera lo que hacen les pertenece, ya que implica a otras personas. ¡Qué desastre, todos ciegos! Siempre, ya esté vivo o muerto, todo vuelve a su lugar. El orden es inevitable. Sí, creo que hemos ganado; aquellos que luchan con armas fabricadas con pensamientos deliberados, aquellos, cuya bandera se extiende en el espacio infinito, vosotros habéis ganado. Pueden matarnos, pueden destrozar, herir, incluso pueden hacer todo ésto y reír, pero no pueden ganar, no, eso no. Cierro los ojos, la oscuridad del alma no es más oscura que la realidad. Tiros, bombas, ya están aquí, ya están aquí…
[...]

domingo, 18 de enero de 2009

XII

Un poema de mi última obra. Espero que os guste:

Puedo en las eternidades fijar nuestro tiempo,
Observar en silencio el cielo tan infinito:
Hay estrellas que nunca podré tocar esta noche.

Me he perdido en su mirar, más allá, me he perdido,
Como observar las nubes blancas en un mar azul.

Al abrir las puertas, sólo con ella he sentido
Que entraba en mi alma la caricia más delicada.

Desde aquí, el cielo es tan hermoso cuando le escribo…

La luz tenue despunta ya en el horizonte,
Creo que aún duerme, el mundo está adormecido:
Los sueños menguan como la luna en su carrera.

A veces, los susurros fueron como suspiros
Que ascendían en amaneceres como este.

La sustancia de su voz, en acordes divinos,
Me es inmensa en claridad sumisa, toda ella lo es.

Desde aquí, el cielo es tan hermoso cuando le escribo…

Aún su gesto pálido, sus ojos oscuros,
Confunden a mi corazón en cada latido;
Y el latir no es sino el sentido de su presencia.

Puedo en las eternidades fijar nuestro olvido,
Más cómo olvidar su imagen que tanto he amado.

Bajo el tímido clarear, del sol, aún le escribo.
Ya debe la mañana empapar de color su iris.
El cielo es hermoso y eterno, cuando la miro…

domingo, 11 de enero de 2009

"malos" pensamientos

Reflexiones:

Esta mañana, cuando el sol ya llevaba unas horas levantado, después de haber interrumpido una serie de pensamientos matutinos debido a algunas consideraciones necesarias, he cogido mi azada y mi rastillo para trabajar el campo. La pálida mañana -anaranjado el cielo- había dejado su aroma sobre el césped recién cortado. Después, mientras se mecían las hojas sobre mi cabeza y declinaban los minutos a cada grieta que abría en la tierra, al igual que las ideas que gravitan en mi mente, he arrancado, no sin esfuerzo, las “malas” hierbas depositándolas a continuación en la carretilla. ¡Ni las raíces más profundas podían resistir la embestida de la azada! Lástima, tan sujetas estaban, tan bien consolidadas que un leve instinto natural me incitaba a no continuar. Cuánto esfuerzo, cuántas primaveras y cuántas heladas les había costado para hacerse paso hacia el fondo del mundo, incluso cuando el terreno lo impedía. Me temo que nuestras opiniones no lo conseguirían. He terminado agotado, pero había valido la pena; el trabajo de las manos era un buen entrenamiento y había conseguido una gran satisfacción. Tenía en mi carretilla, vestida aún con su perfume verde, la naturaleza llena de significado. He trabajado dos campos esta mañana: cultivar los pensamientos también es importante.
Escrito en Agosto de 2008
Editado en Enero de 2009

domingo, 4 de enero de 2009

Filosofía o poesía


Os sitúo. Examen de Platón de la primera evaluación.

La pregunta era: “No es un Relato a Alcinoo lo que te voy a contar[…]” (República 614b). Habéis leído bien…Esta era la pregunta. Es a simple vista, sinceramente, un suspenso.

Pero pensando un poco se trataba de lo siguiente: Relacionar el mito de Er (Platón, La República 614b y sigs.) y la República en general, con los Relatos de Alcinoo (Homero, Odisea, cantos IX al XII).

Quizás sea de interés. Estoy obligado a escribirlo porque es tan pobre mi respuesta… Intenté, como escritor y como poeta, hacerle frente a Platón y siendo claros, fracasé ;). Aquí tenéis un fragmento de mi examen:

[...]Como sabemos, cada palabra que escribe Platón está medida a la perfección. No es extraño que un libro que empieza desmantelando todas las acusaciones contra Sócrates, (éste ya había atacado a los poetas en la Apología), y dejando en evidencia a Homero y a Simónides (334b y sig.), acabe en el libro X examinando a la poesía, a los trágicos y al propio Homero y, finalmente, insistiendo en que no es un relato a Alcinoo lo que nos va a contar. Fernando Pessoa, que es un buen poeta, nos dice: “el poeta es un fingidor que finge constantemente”, “he pensado filosofías en secreto que ningún Kant ha escrito, pero soy, y quizás lo sea siempre, el de la buhardilla”. Esto es: el filósofo tendrá que sacar de la caverna también al poeta. La poesía ante todo es sentimiento, pero viene Platón y nos dice que sólo el conocimiento intelectual nos presenta la verdad de las cosas, ya que lo que obtenemos a través de los sentidos es un mundo cambiante, es decir, un relato a Alcinoo. Además, observamos que a partir de 599d Platón empieza a pedirle cuentas a Homero y, al revés que en la caverna donde se reían del filósofo, ahora es el poeta el objeto de burla (600b-c). Los poetas son imitadores, su arte imitativo (μίμησις, mimēsis) se encuentra a gran distancia de la verdad y no serán capaces de opinar sobre sus imitaciones. Éstos, que ven cosas bellas pero no ven la belleza en sí, son amantes de la opinión pero no filósofos, mientras que los que ven y se adhieren a cada uno de los seres en sí son amantes del saber y los verdaderos filósofos.
Ahora bien, ¿No es la filosofía a la fuerza, al igual que la poesía, una imitación de ese mundo intangible de las ideas? En las “Leyes” (817b) Platón pone en boca del extranjero ateniense que los filósofos son autores de la más bella tragedia (poesía), pues su sistema político (una ciudad de palabras en la República) consiste en una imitación de la más hermosa y excelente vida, la tragedia más verdadera. Esto quiere decir que sólo el filósofo posee la idea original y que si tiene que servirse de imitaciones, ya que no puede ser de otra manera en el mundo sensible, será consciente de ello y emprenderá una búsqueda constante que le acerque todo lo posible a la verdad para, no sin esfuerzo, alcanzar la idea del bien, mientras que el poeta no se dará cuenta de esto y su instrumento será siempre la imitación. Esto es, en mi opinión, el argumento esencial que diferencia el mito de Er y toda la República con los relatos de Alcinoo: el carácter innato de irreversibilidad de la filosofía.[...]

Me pareció el trozo más importante, luego intenté defender a la poesía claro :), quizás por eso fracasé (risa). Espero que os esforzeís. Sed mentes depiertas y opinad.

Un saludo.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Neruda

Poema XX, Pablo Neruda

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
¡Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos!

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

¡Qué importa que mi amor no pudiera guardarla!
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba al viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.


Y pensar que yo tenía este poema en mi estantería... Gracias a Migue me dí cuenta :) Fijaos como con pocas palabras, repitiendo muchas de ellas, Neruda le da a los versos un compás melodioso y perfecto. Normalmente no habría publicado este poema, pero merece la pena que todos lo leais, yo lo volvería a leer muchas veces.

Lau, Migue, es vuestro ;)

lunes, 22 de diciembre de 2008

El increíble hombre menguante

Decidme, ¿Acaso existe lo infinito? ¿Lo ínfimo, tal vez?

Vi esta película hace unos días y no puedo evitar hacerme preguntas. Una película de 1957 dirigida por Jack Arnold, tan sencillo y a la vez explendido en todas sus películas, que puso en la pantalla una de las obras maestras de Richard Matheson (también escritor de "Soy leyenda"), con unos efectos especiales, en aquella época, sorprendentes y una entonación lírica adecuada. Os cuento por encima:

Scott Carey (un joven Grant Williams), mientras está de vacaciones con su mujer Louisa (Randy Stuart), queda sometido a una extraña niebla y poco después comprueba que se está haciendo más pequeño, que está menguando de alguna manera...

No os contaré mucho más, merece la pena que la veáis entera. A partir de este momento comienzan a estar en juego muchas cosas. Hubo risas en mi clase al principio, nada que ver con la realidad. Es cierto que diré que es una película Cartesiana, pero no sin explicarme:

Scott se ve obligado (una vez atrapado en el sótano) a sobrevivir como puede y, debido a su tamaño cada vez más reducido, a enfrentarse a lo inmeso, todo un mundo. ¿No es Descartes quién aparta, por miedo a la nada, todo lo que sabía para, de esta manera, no engañarse por nada y examinar lo verdadero? Scott hace algo parecido: la ignorancia es como el vacío, igual de enorme. Además me gustaría destacar cuáles son las tres primeras cosas que el protagonista hace cuando está solo en la oscuridad del sótano: proporcionarse una fuente de agua, buscar refugio y encontrar comida, además de fabricarse un arma con ayuda de los alfileres. Creo que los lectores de Thoreau estarán de acuerdo conmigo en el parecido con “Walden”. Por último y lo más importante de todo, su enfrentamiento con la araña. Un enfretamiento que no se produce por razonamiento, sino por instinto, como si se tratara de un animal más, era una lucha por la supervivencia…

El final es estremecedor. La última reflexión de Scott es la mayor similitud con Descartes, es la pregunta cartesiana por excelencia: ¿Qué era yo?[…] Tan cerca lo infinitesimal y lo infinito[…], lo increíblemente pequeño y lo increíblemente grande se encuentran[...], en ese mismo instante supe la respuesta del infinito. Yo había pensado en términos humanos, pues que la existencia comienza y finaliza es fruto de la concepción humana, no de la naturaleza.[…]Toda aquella majestuosidad de la creación debía significar algo, y entonces yo comprendí algo también[…]¡Existo!
Merecía la pena citar estas palabras. No importa ya la “res extensa” (materia), sólo importa la “res cogitam” (conciencia). Descartes llega a decir en su discurso del método, “podría existir sin nisiquiera tener cuerpo” porque puede pensar sin él. Scott era la nada, pero la nada no existe porque él tenía un significado: “pienso, luego existo”.